El testimonio del Evangelio es un ancla para el alma en medio de la confusión y la contienda... Este conocimiento es la posesión más grande que uno puede tener.
Liahona mayo 1967.
lunes, 31 de octubre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
Testimonio
Historia de una hermana alemana llamada Margarete Hellman.
Esta hermana había estado enferma de una cadera desde su juventud, y el dolor y el sufrimiento habían aumentado a medida que pasanan los años...
Per un día se había enterado de la alentadora noticia: el Profeta del Señor iría a Dresden. Desde ese momento la dominó el profundo deseo de asistir a la conferencia y tocar al Profeta. Tenía la fe y la absoluta convicción de que el Profeta no tendría necesidad de ponerle las manos sobre la cabeza para darle una bendición de salud.
Esta hermana de Alemania le pidió a su nieto que la llevara a la conferencia una hora antes de empezar y la dejara en la silla de ruedas en el pasillo, cerca del lugar por donde pasaría el Profeta cuando llegara. Esta frase de una carta que escribió nos dice con tiernas palabras el resto de lo sucedido:
Cuando nuestro Profeta se acercó a mí, estrechó mi mano con calidez y me miró con espíritu de amor, al igual que los que estaban con él. Desde ese momento, no sentí más dolor, ni lo he vuelto a sentir más. !Este es el testimonio más grande de mi vida!
Joseph B. Wirthlin Liahona feb 1979 pag 48-9
Esta hermana había estado enferma de una cadera desde su juventud, y el dolor y el sufrimiento habían aumentado a medida que pasanan los años...
Per un día se había enterado de la alentadora noticia: el Profeta del Señor iría a Dresden. Desde ese momento la dominó el profundo deseo de asistir a la conferencia y tocar al Profeta. Tenía la fe y la absoluta convicción de que el Profeta no tendría necesidad de ponerle las manos sobre la cabeza para darle una bendición de salud.
Esta hermana de Alemania le pidió a su nieto que la llevara a la conferencia una hora antes de empezar y la dejara en la silla de ruedas en el pasillo, cerca del lugar por donde pasaría el Profeta cuando llegara. Esta frase de una carta que escribió nos dice con tiernas palabras el resto de lo sucedido:
Cuando nuestro Profeta se acercó a mí, estrechó mi mano con calidez y me miró con espíritu de amor, al igual que los que estaban con él. Desde ese momento, no sentí más dolor, ni lo he vuelto a sentir más. !Este es el testimonio más grande de mi vida!
Joseph B. Wirthlin Liahona feb 1979 pag 48-9
viernes, 28 de octubre de 2011
Eliminar la contención
Hace algunos meses los misioneros de una remota isla del Pacífico del Sur fueron informados de que yo habría de visitarles durante dos o tres días.
A mi llegada, estaban aguardándome ansiosamente para compartir conmigo cierta literatura en contra de la Iglesia que había sido distribuida en la zona. Se encontraban molestos por las acusaciones y dispuestos a contraatacar.
Los misioneros se sentaron en el borde de sus sillas mientras yo leía las críticas y falsas declaraciones hechas por un ministro religioso, que aparentemente se había sentido amenazado por la presencia de nuestros jóvenes y por su éxito. Al leer el folleto que contenía las maliciosas y ridículas manifestaciones, y para sorpresa de mis jóvenes amigos, no pude menos de sonreir.
Cuando terminé, me preguntaron: "¿Qué haremos ahora? ¿Cómo podemos oponernos a tales mentiras? ". A lo que respondí: No haremos nada. No tenemos tiempo para la contención. Sólo tenemos tiempo para dedicarnos a la obra de nuestro Padre.
No contendáis con nadie, conducíos como caballeros, con calma y convicción y os prometo que tendréis éxito.
La contención levanta muros y pone obstáculos; el amor abre puertas. Nuestra función es la de ser escuchados y enseñar. No debemos solamente evitar la contención, sino que debemos también asegurarnos de eliminarla.
Liahona agos 1978 pag 8-9
A mi llegada, estaban aguardándome ansiosamente para compartir conmigo cierta literatura en contra de la Iglesia que había sido distribuida en la zona. Se encontraban molestos por las acusaciones y dispuestos a contraatacar.
Los misioneros se sentaron en el borde de sus sillas mientras yo leía las críticas y falsas declaraciones hechas por un ministro religioso, que aparentemente se había sentido amenazado por la presencia de nuestros jóvenes y por su éxito. Al leer el folleto que contenía las maliciosas y ridículas manifestaciones, y para sorpresa de mis jóvenes amigos, no pude menos de sonreir.
Cuando terminé, me preguntaron: "¿Qué haremos ahora? ¿Cómo podemos oponernos a tales mentiras? ". A lo que respondí: No haremos nada. No tenemos tiempo para la contención. Sólo tenemos tiempo para dedicarnos a la obra de nuestro Padre.
No contendáis con nadie, conducíos como caballeros, con calma y convicción y os prometo que tendréis éxito.
La contención levanta muros y pone obstáculos; el amor abre puertas. Nuestra función es la de ser escuchados y enseñar. No debemos solamente evitar la contención, sino que debemos también asegurarnos de eliminarla.
Liahona agos 1978 pag 8-9
jueves, 27 de octubre de 2011
¿Cuán cerca del precipicio puedo ir?
Recuerdo haber leído acerca de un hombre en Canadá que andaba buscando a alguien que condujera una diligencia tirada por seis caballos sobre un camino montañoso.
Se presentaron varios interesados, pero mencionaremos sólo a tres. Uno de ellos entró a hablar con el patrón, y éste le preguntó: ¿Cuán cerca del precipicio puede manejar por un camino serpenteando sin despeñarse?.
"Creo que puedo ir a unos 15 cm del borde sin que corramos peligro", dijo.
El siguiente hombre, que lo escuchaba, quiso ganarle al primero, y cuando se le hizo la misma pregunta, contestó: "Yo pasaría tan cerca del borde que hasta piedras caerían al fondo".
Cuando entró el tercer hombre y se le hizo la misma pregunta, replicó: "No sé cuán cerca del precipicio puedo ir sin que peligremos, pero le puedo asegurar que voy a manejar lo más lejos del borde que pueda".
Se presentaron varios interesados, pero mencionaremos sólo a tres. Uno de ellos entró a hablar con el patrón, y éste le preguntó: ¿Cuán cerca del precipicio puede manejar por un camino serpenteando sin despeñarse?.
"Creo que puedo ir a unos 15 cm del borde sin que corramos peligro", dijo.
El siguiente hombre, que lo escuchaba, quiso ganarle al primero, y cuando se le hizo la misma pregunta, contestó: "Yo pasaría tan cerca del borde que hasta piedras caerían al fondo".
Cuando entró el tercer hombre y se le hizo la misma pregunta, replicó: "No sé cuán cerca del precipicio puedo ir sin que peligremos, pero le puedo asegurar que voy a manejar lo más lejos del borde que pueda".
miércoles, 26 de octubre de 2011
La oración y el ayuno
Tenemos un amigo en Honolulú.... un hombre que es obispo allá, muy rico, pero, a pesar de rico y joven, muy lleno de humildad.
Un día lo llamaron al hospital para que fuera a bendecir a un niño que tenía polio. La madre del chico, nativa del lugar, lo había llamado porque era su obispo, y le había dicho: " Obispo, venga, por favor. Mi hijo está atacado de polio,y quiero que venga a bendecirlo".La hermana esperó por él todo el día, pero el obispo no apareció; tampoco apareció en toda la noche, ni a la mañana siguiente. Pero esa tarde, temprano, llegó al hospital. La hermana estaba furiosa y le echó una sarta de improperios.
!Usted, siendo mi obispo, no vino en seguida! !Y pensar que usted es su propio jefe! Tiene autos, tiene una embarcación, tiene todo lo que quiere; puede hacer lo que quiere con su tiempo !y no vino a ver a mi hijo! Viene ahora... !después de un día entero!.
La hermana se calló, no encontrando ya nada más que decirle; entonces él sonrió y le contestó: " Hermana. después de hablar con usted ayer, empecé un ayuno; y he estado ayunando veinticuatro horas. Ahora ya estoy listo para bendecir a su hijo". A las cinco esa misma tarde, el muchachito fué dado de alta en el hospital, completamente curado de la polio...
Éste género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
Un día lo llamaron al hospital para que fuera a bendecir a un niño que tenía polio. La madre del chico, nativa del lugar, lo había llamado porque era su obispo, y le había dicho: " Obispo, venga, por favor. Mi hijo está atacado de polio,y quiero que venga a bendecirlo".La hermana esperó por él todo el día, pero el obispo no apareció; tampoco apareció en toda la noche, ni a la mañana siguiente. Pero esa tarde, temprano, llegó al hospital. La hermana estaba furiosa y le echó una sarta de improperios.
!Usted, siendo mi obispo, no vino en seguida! !Y pensar que usted es su propio jefe! Tiene autos, tiene una embarcación, tiene todo lo que quiere; puede hacer lo que quiere con su tiempo !y no vino a ver a mi hijo! Viene ahora... !después de un día entero!.
La hermana se calló, no encontrando ya nada más que decirle; entonces él sonrió y le contestó: " Hermana. después de hablar con usted ayer, empecé un ayuno; y he estado ayunando veinticuatro horas. Ahora ya estoy listo para bendecir a su hijo". A las cinco esa misma tarde, el muchachito fué dado de alta en el hospital, completamente curado de la polio...
Éste género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
martes, 25 de octubre de 2011
¿Cuántas excusas damos?
Muchos no tienen un lugar para el Señor porque su vida está cargada de pecados y placeres. Otros se han hecho tiempo para procurarse comodidades físicas y para expandir sus oportunidades educativas; sin embargo, a El le han echado fuera.
Algunos han encontrado tiempo para trabajar más horas a fín de acumular posesiones materiales; incluso hay muchos que se han dedicado a multiplicar sus lujos y aimentar su tiempo libre, de manera de poder utilizarlo en más deportes y diversiones; pero no han hecho un lugar para Él.
Han encontrado formas de violar el día de reposo, y, sin embago, no tienen tiempo para el Salvador del mundo, nuestro Redentor y Maestro.
Hoy en día, el Señor está tratando de lograr nuestra atención por medio de las palabras de los profetas, de las Escrituras, de su Espíritu, del testimonio de padres, amigos y maestros fieles; pero aún no encontramos lugar para Él.
No tenemos lugar para Sus enseñanzas y doctrinas porque muchos de nosotros no buscamos una religión de conveniencias; una que no demande tiempo, que no cueste dinero, que no requiera ningún esfuerzo y que se amolde a nuestra vida sin exigir ningún cambio de nuestra parte.
Liahona feb. 1981 pag 131
Algunos han encontrado tiempo para trabajar más horas a fín de acumular posesiones materiales; incluso hay muchos que se han dedicado a multiplicar sus lujos y aimentar su tiempo libre, de manera de poder utilizarlo en más deportes y diversiones; pero no han hecho un lugar para Él.
Han encontrado formas de violar el día de reposo, y, sin embago, no tienen tiempo para el Salvador del mundo, nuestro Redentor y Maestro.
Hoy en día, el Señor está tratando de lograr nuestra atención por medio de las palabras de los profetas, de las Escrituras, de su Espíritu, del testimonio de padres, amigos y maestros fieles; pero aún no encontramos lugar para Él.
No tenemos lugar para Sus enseñanzas y doctrinas porque muchos de nosotros no buscamos una religión de conveniencias; una que no demande tiempo, que no cueste dinero, que no requiera ningún esfuerzo y que se amolde a nuestra vida sin exigir ningún cambio de nuestra parte.
Liahona feb. 1981 pag 131
lunes, 24 de octubre de 2011
Escudriñad las escrituras
Pido a todos que honestamente evaluemos nuestra actuación personal en el estudio de las Escrituras.
Es bastante común ver casos de personas que dominan varios de sus pasajes de tal forma que se hacen la ilusión de saber mucho acerca del evangelio. En ese sentido, el tener un poco de conocimiento puede presentar en realidad un gran problema.
Estoy convencido de que cada uno de nosotros, en algún período de su vida, tiene que descubrir las Escrituras por sí mismo, y no solamente una vez, sino volver a descubrirlas muchas veces.
Es bastante común ver casos de personas que dominan varios de sus pasajes de tal forma que se hacen la ilusión de saber mucho acerca del evangelio. En ese sentido, el tener un poco de conocimiento puede presentar en realidad un gran problema.
Estoy convencido de que cada uno de nosotros, en algún período de su vida, tiene que descubrir las Escrituras por sí mismo, y no solamente una vez, sino volver a descubrirlas muchas veces.
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